La repetición es un proceso necesario para fomentar automatismos. Pero los jugadores no suelen acoger de buen gusto el hecho de tener que hacer las mismas cosas una y otra vez. Por otro lado, todos queremos tener un equipo que llegue contento y motivado a las sesiones de entrenamiento, y para lograrlo no queda otra que intentar que éstas sean como mínimo, entretenidas y variadas.
No siempre es sencillo lograr el equilibrio entre ambas cosas, y ahí está el mérito de un entrenador. Fuera del ámbito profesional, el jugador tiene este deporte como un entretenimiento, y por tanto quiere pasárselo bien. Pero, curiosamente, si luego no llegan los resultados, esos mismos jugadores perderán la confianza en ti, y probablemente te culpen de ello.
Así pues, aunque la repetición y el trabajo rutinario rinden sus frutos -porque sin ese proceso nunca se llega a dominar nada de lo que el entrenador pretende implantar- hay que poner un contrapunto en forma de diversión o variedad que permita que el grupo se marche a casa después de cada entrenamiento con la sensación de haber pasado un buen rato.
El nivel y los objetivos deportivos del equipo van a ser factores determinantes a la hora de diseñar las sesiones, pero confío en que algunas de las ideas/soluciones aportadas aquí te resulten de utilidad sea cual sea el equipo que dirijas.
¿Cómo evitar la monotonía en los entrenamientos?
Si tienes suficientemente clara la importancia del equilibrio entre el trabajo que produce resultados y la diversión que proporciona la novedad, estás en el camino correcto. Plantear los entrenamientos únicamente bajo un enfoque de que los jugadores se diviertan es un error, porque, insisto, tanto si quieres afianzar conceptos tácticos como incorporar nuevos gestos técnicos, necesitas repetirlos una y otra vez hasta que salgan de forma natural. Por lo tanto, utiliza estas herramientas en su justa medida y del modo adecuado.
Reglas restrictivas
Algo que suele funcionar bastante bien es plantear ejercicios en los que se marca un objetivo que debe lograrse aplicando restricciones de cualquier tipo. Pueden ser restricciones temporales, de espacio, o de tipo técnico. Por ejemplo:
- Anotar un número de tiros en cierto tiempo
- Validar únicamente finalizaciones con mano débil
- Pasar por un espacio predeterminado (entre dos conos)
- Dar x número de pases/botes como máximo/mínimo
Trabajar fundamentos en diferentes situaciones
Aquí entra la famosa «variabilidad». Hacer trabajo de fundamentos de un modo rutinario va a suponer una mejora mínima de los jugadores en relación a la que obtienes cuando esos mismos fundamentos se trabajan enfocados a diferentes situaciones de juego. Esto, además de ayudar al progreso, también hace que el jugador encuentre el ejercicio más desafiante y entretenido.
Por ejemplo, a la hora de entrenar el tiro piensa en la variedad de situaciones en las que se puede ejecutar esta acción. Saliendo de un bloqueo directo trabajas el tiro después de bote, saliendo de un bloqueo indirecto trabajas el tiro tras recepción (catch and shoot), pero además puedes trabajar el tiro a pies parados, con oposición, sin oposición, en transición, etc. Hay mil situaciones distintas en las que un mismo fundamento se lleva a cabo durante el partido, y tratar de recrearlas todas, además de preparar mejor al jugador, hace el entrenamiento más variado y entretenido.
Añadir un componente lúdico
Algunos momentos como el inicio o el final de la sesión son ideales para actividades más lúdicas. Plantear un juego en estos periodos sirve para propósitos distintos, pero igualmente útiles. Al comienzo puede ser una manera distendida de entrar en calor, aportando un toque de variedad a los tradicionales ejercicios que se usan para este propósito. Y al final, hace que los jugadores se marchen con una sonrisa en la cara, que es como a todos nos gusta terminar los entrenamientos.
No necesitas calentarte mucho la cabeza ni hacer un despliegue de creatividad para lograrlo. A veces es tan simple como poner el broche final al entrenamiento con lanzamientos desde el campo contrario que imiten la situación de un tiro a la desesperada o , por el contrario, empezarlo con un ejercicio de activación que, además de servir a su propósito, anime al grupo a empezar el trabajo de buen humor. Algo como esto.
Ejercicios competitivos
A los jugadores les encanta competir. Ya sea contra otros como contra sí mismos. Incluir ejercicios que supongan tener que batir a un compañero o alcanzar una marca les resulta extraordinariamente motivante. Y lo bueno es que pueden aplicarse en multitud de facetas del juego o fundamentos. Tiro, pase, contraataque…
Algunas ideas
1×1 contra todos los compañeros de su grupo (determinar quien es el mejor en 1×1)
Tiro por equipos. Los jugadores se dividen por equipos y deben anotar un número de triples en cada canasta, cuando el primer equipo lo logra, cambian de aro sin detenerse en ningún momento. Gana el equipo que antes completa 5 rondas.
Contrataque Hoiberg. Un ejercicio en el que se compite contra el tiempo. En 1 minuto deben anotar un número determinado de canastas, desde el momento en que lo logren, los siguientes objetivos serán aumentar ese número. Aquí tienes como se desarrolla.
Emplear material /accesorios
Aunque en España no se suele ir más allá de los conos, las sillas o los balones medicinales, lo cierto es que hay todo un mundo de accesorios que ayudan a que las sesiones resulten más excitantes para el jugador. No necesariamente tienen que ser accesorios carísimos como la máquina de tiro, que están al alcance de pocos clubs. Pero sí que hay otro tipo de artilugios que motivan al jugador y aportan ese extra de entretenimiento a tus sesiones.
Desde gomas elásticas para generar resistencia en la trayectoria del jugador, hasta los muñecos que simulan defensores pasando por esas barras acolchadas que tienen como misión dificultar la trayectoria del tiro o los escudos acolchados para absorber/generar impacto.
Todos estos son accesorios que no es extraño ver en redes sociales cuando los jugadores profesionales trabajan con entrenadores de élite, y que pueden darte ese plus para que los jugadores salgan de la sesión con la sensación de haber realizado un entrenamiento de alto nivel.
Estimular la creatividad
Aunque los entrenadores tenemos el defecto de querer tener todo bajo control, la creatividad es un elemento importante en el desarrollo del jugador, y si no le damos espacio en nuestras prácticas, difícilmente se convertirá en una característica que puedan plasmar en la cancha.
Conseguir que un jugador sea creativo es animarle a hacer cosas que nunca o casi nunca intenta, obligarle a decidir en décimas de segundo a que tome una solución diferente a la que resulta más obvia. ¿Cómo podemos conseguir esto?
Ya he hablado anteriormente de un ejercicio que llamo Chocolate blanco, y que consiste en montar un mini partido de 3 a 5 minutos en el que la regla sea jugar ida y vuelta sin parar y en el que todos y cada uno los jugadores en cancha, sea cual sea su posición habitual o características deben actuar, cuando tienen el balón, como si se hubiesen reencarnado en el famoso base que deslumbró al mundo con su juego de fantasía.
Es bastante común que los jugadores vayan un paso más allá y terminen convirtiendo el ejercicio en un correcalles sin sentido, pero incluso si esto llega a suceder, no deja de ser una forma divertida y liberadora de finalizar el entrenamiento.
Ritmo
A los jugadores no les suele gustar estar parados demasiado tiempo. Saber encontrar el equilibrio en las sesiones para que se puedan conjugar aspectos como la adquisición de conocimientos tácticos o el trabajo analítico de fundamentos con el movimiento y la carrera es una gran virtud.
El mérito del entrenador consiste en diseñar las sesiones de manera que ambas cosas tengan presencia sin que los jugadores caigan en el agotamiento o en un exceso de tiempo en el que permanecen inmóviles.
Así que es importante incluir siempre algunos ejercicios en los que la exigencia física tenga protagonismo. Pueden ser ejercicios a toda pista de ida y vuelta, ejercicios que impliquen segundos esfuerzos, o en los que la dinámica incluya periodos de descanso mínimos.
Evidentemente el calendario marcará qué días son más propicios para poner énfasis en ejercicios que supongan un gran desgaste, pero incluir ejercicios con ritmo elevado es, por norma general, una buena forma de mantener alto el nivel de motivación y hacer el entrenamiento más divertido.
Ajustar el nivel de los desafíos
Este es un factor importante a la hora de conseguir ese grado de implicación que todos queremos conseguir. Si el jugador tiene que enfrentarse a tareas demasiado complejas para su nivel caerá en la frustración, y si por el contrario, en nuestros entrenamientos se limita a repetir gestos y movimientos que ya domina, terminará por aburrirse ante la falta de estímulos.
Por eso es básico considerar el nivel técnico/táctico del grupo con el que estamos trabajando y ajustar el nivel de los desafíos que le planteamos para que, aun costándole esfuerzo, sientan que con trabajo está a su alcance lograr el objetivo que les hemos marcado.
No entrenamos para entretener. La variedad es el engaño con el que mantenemos enganchados a los jugadores
En resumen
¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto? Pues que la variedad es un ingrediente a tener en cuenta a la hora de diseñar cualquier sesión, pero no hay que caer en el error de ser un entrenador «guay» que solo monta entrenamientos con ejercicios vistosos para impresionar a los jugadores o a los padres en la grada.
Los ejercicios son un medio para llegar a un fin, y por lo tanto, con ejercicios más o menos llamativos, podremos lograrlo siempre que nos centremos en lo principal, esto es, transmitir el objetivo y corregir tanto como sea necesario.
Corrige, corrige, corrige. Eso es lo que marca la diferencia, no el ejercicio en si. Tener claro lo que estamos trabajando. La variedad es el «engaño» con el que mantenemos enganchados a los jugadores. Pero no olvidar nunca que no entrenamos para entretener. Entrenamos para conseguir que el equipo tenga una determinada identidad y sea capaz de desarrollar ciertas acciones con un nivel de excelencia.




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