Los tiros libres son uno de esos aspectos del juego a los que no otorgamos la importancia que realmente tienen a la hora de diseñar los entrenamientos.
En cualquier competición, sea del nivel que sea, lo más habitual es que tu equipo pierda contra aquellos equipos que son netamente superiores y venza a los que son claramente inferiores. Pero en general con la mayoría de equipos suele haber cierta paridad de nivel que hace que muchos partidos se decidan por diferencias de unos pocos puntos.
Y cuando miras las estadísticas post partido, es fácil comprobar como bastantes de ellos hubiesen tenido un desenlace distinto con un mayor acierto en el apartado de los tiros libres.De ello se deduce que mejorar la efectividad de tus jugadores en éste área puede ayudarte a conseguir algunas victorias extra que quizás se reflejen en una mejor clasificación a final de temporada.
Así pues, es hora de analizar en profundidad los factores que influyen en los tiros libres y, sobre todo, cómo podemos entrenarlos para lograr que los jugadores consigan un mejor desempeño.

Factores que influyen en los tiros libres
Analizando esta acción, nos encontramos con que hay tres tipos de factores que influyen en su desenlace final. Si bien no todos tienen el mismo peso, no podemos pasar por alto que cada uno de ellos tiene cierto grado de influencia, por lo tanto, a la hora del entrenamiento deberemos tenerlos en cuenta.
Técnicos
Hay una serie de condicionantes técnicos que favorecen o no que el tirador consiga su objetivo. El correcto agarre del balón, la alineación del cuerpo, el gesto de lanzamiento, o mantener los pie en el suelo para ganar en estabilidad son detalles que no pueden ser pasados por alto si se pretende alcanzar un porcentaje de acierto notable.
Físicos
El lanzamiento desde la línea de 4´60 se ve influenciado por el estado físico del tirador en ese momento. En muchas ocasiones se va al tiro libre tras realizar una acción intensa de la que el jugador no se ha recuperado aún. Un ritmo cardiaco acelerado, o una respiración entrecortada suelen ser elementos que distorsionan el resultado final.
Mentales
Esta es la única oportunidad en la que el jugador es consciente de que todas las miradas están puestas en él. No todos los jugadores aguantan esa presión del mismo modo, especialmente si los tiros libres a lanzar tienen relevancia en el resultado final. Lo que pasa por su cabeza en esos instantes y hasta qué punto confía en que tendrá éxito son cuestiones determinantes para que logre o no anotar.

El entrenamiento de los tiros libres
Ya hemos visto que esta acción del juego se ve influenciada por distintos factores. Sin embargo en la mayoría de casos, no los involucramos a la hora de diseñar la práctica. Los tiros libres suelen tener una importancia residual, limitándose a los últimos minutos del entrenamiento, y llevándose a cabo de forma rutinaria. Los jugadores se colocan en filas, y van lanzando uno detrás de otro, sin que el entrenador suela intervenir demasiado.
Cuando se trata de niños más pequeños que todavía están aprendiendo a realizar el gesto técnico del tiro es posible que sí haya más intervención del entrenador, llevando a cabo correcciones, pero, ¿Dónde queda el componente físico y mental?. Raras veces vemos que a la hora de entrenar tiros libres ninguno de estos aspectos sea tenidos en cuenta, a pesar de que es evidente que en el partido sí van a tener su importancia de cara a obtener mejores porcentajes.
Por lo tanto, un correcto entrenamiento de los tiros libres debería involucrar el lanzamiento bajo una serie de demandas físicas y psicológicas, de manera que se acerque más a la situación real de juego que se experimenta en los partidos.
Trabajar en los tres planos
El plano técnico, físico y psicológico deben trabajarse a lo largo de la temporada en el entrenamiento de los tiros libres. Este es el modo en el que lograremos que los jugadores estén mejor preparados para desempeñarse con éxito en este lance del juego.
En el plano técnico, conviene prestar atención a los posibles errores que el jugador pueda cometer a la hora de colocar el cuerpo, agarrar el balón, o realizar el gesto de tiro. Al marcar éste como objetivo principal en la parte dedicada al entrenamiento de tiros libres durante un entrenamiento, nos aseguraremos de que los jugadores entienden la importancia de una correcta ejecución.
En el plano físico, es importante plantear situaciones en las que tengan que lanzar tras haber llevado a cabo esfuerzos de alta intensidad que aumenten su ritmo cardiaco. De esta forma no solo acostumbramos al jugador a lanzar con las pulsaciones altas, sino que nos ofrece la oportunidad de enseñarles estrategias como alargar la rutina previa para dar tiempo a normalizar el ritmo cardiaco o la importancia de expulsar el aire antes de lanzar, que van a ayudarle cuando se vea en esta situación durante un partido.
En el plano psicológico son varios los aspectos los que hay que trabajar. Por un lado, la confianza, por otro, el control de los pensamientos, y por último, la gestión de la presión. Es importante inculcar en el jugador la idea de que esta es una acción sencilla, que ha repetido miles de veces, y que sus opciones de llevarla a cabo con éxito son altas, ya que de este modo eliminamos en parte el componente de ansiedad que puede generarle.
En cuanto a los pensamientos, los estudios que se han llevado a cabo en este sentido indican que cada jugador debe encontrar aquellos que les resultan más útiles, aunque particularmente creo que lo mejor es tratar de centrar su atención exclusivamente en los pasos a seguir, es decir, ritual y ejecución técnica.
La visualización también puede ser una estrategia útil. Imaginar cómo el balón sigue la trayectoria adecuada y entra en el aro es una práctica que favorece el acierto. De hecho muchos jugadores la complementan incluso con un gesto de tiro sin el balón para obtener una sensación más cercana a la realidad que están a punto de experimentar.
La gestión de la presión la trabajaremos creando situaciones en las que, efectivamente, tenga que sentirla. Esto es, que su acierto o error tenga consecuencias, tal y como sucede en una acción real de juego.

Trasladarlo a la práctica
Básicamente, la forma de trasladar toda esta información al terreno práctico sería enfocando el entrenamiento del siguiente modo:
Si los jugadores tienen deficiencias a nivel de ejecución técnica, dedicar tiempo a su corrección. Hacer énfasis en la colocación de pies, el agarre, la alineación del cuerpo, etc, así como a cualquier aspecto relacionado con la velocidad de lanzamiento, altura a la que se suelta el balón, ángulo, etc. Esto no es muy frecuente en jugadores con un cierto nivel, pero en categorías de base será algo a lo que prestar atención.
Trabajar de forma combinada volumen, situaciones de presión y ejecución en condiciones de fatiga. No limitarse a la ejecución rutinaria de series, que no reflejan ni remotamente las circunstancias reales de juego, sino integrar el entrenamiento de tiros libres de manera que se reproduzcan condiciones similares de presión/fatiga.
Algunas ideas prácticas
Los jugadores tienen un minuto para beber agua y recuperarse de un ejercicio intenso. Pero antes deben anotar dos tiros libres consecutivos. Cuanto más tarden en conseguirlo, disponen de menos tiempo para beber.
El equipo dividido en los dos aros. Cada grupo ha de anotar un total de 50 tiros libres, lanzando cada jugador dos cada vez. Si el equipo falla de forma consecutiva tres tiros libres, el marcador vuelve a cero.
Cada jugador ha de anotar un número concreto de tiros libres (20, 30). Pero ha de anotar obligatoriamente los números 5, 10, 15 y 20 o se descontarán 5.
Cada jugador ha de lanzar 10 tiros libres. Si falla el último debe continuar hasta 20. Si falla el último, debe continuar hasta 30. Y así consecutivamente.
Los jugadores han de lanzar dos tiros libres consecutivos. Si fallan en cualquiera de ellos deben realizar un sprint y una serie de desplazamientos defensivos antes de volver a intentarlo.
Los jugadores realizan un ejercicio de tiro por equipos cambiando de posición cuando se alcanza el número establecido de tiros anotados. Para validar la serie y pasar a la siguiente estación, el jugador al que corresponda debe anotar un tiro libre. De no lograrlo, el grupo debe volver a completar el objetivo.
La guinda: ritual y repetición
En un estudio realizado a tal efecto, se investigó la tesis de si repetir un determinado ritual mejora la eficacia en los tiros libres. Y aunque el resultado fue que los datos no muestran que hacerlo produzca mejores o peores resultados, yo soy partidario de que el jugador lleve a cabo dicho ritual.
Por un lado porque, ese mismo estudio muestra que hay cierta correlación entre el tiempo empleado para llevar a cabo el lanzamiento y el porcentaje de acierto (los jugadores que lanzan más rápido anotan menos que los que se toman su tiempo). Pero además porque sí que hay investigaciones que determinan que la concentración es el factor más importante, y en mi opinión, el seguir un ritual facilita dicha concentración.
En cuanto a la repetición, no hay mucho que añadir a lo que intuitivamente cualquiera supone. Como cualquier otra habilidad, cuantas más veces se ejecuta, mayor perfección se obtiene, por lo que practicar con frecuencia es fundamental para mejorar en este apartado.
La importancia del trabajo individual
Puesto que esta es una habilidad que únicamente requiere de balón y aro para poder mejorarse, hay que recalcar a los jugadores la importancia de poder dedicarse de forma individual a su mejora. El tiempo del que disponemos en los entrenamientos no suele ser suficiente como para producir resultados significativos en aquellos jugadores que tienen problemas desde la línea, así que no está de más insistirles en que su anotación puede aumentar si emplean tiempo en trabajar los tiros libres por cuenta propia.
El principal problema que presenta trabajar los tiros libres en solitario es el aburrimiento, así que, si son reacios a hacer este trabajo por dicha razón puedes plantearles un desafío que lo solucionará.
Se trata de un juego en el que los tiros libres tienen un valor distinto en función de si se anotan limpios, tocando el aro, o rebotando en el tablero. Los primeros cuentan tres puntos, los segundos dos, y los terceros uno. El objetivo es anotar 21 puntos, y en caso de que con el último tiro excedan esa cifra, su anotación bajará a 15 y deberán tratar de lograrlo de nuevo.
Recapitulando
Los tiros libres marcan con frecuencia la diferencia entre una victoria y una derrota, de ahí que debamos otorgarles la importancia debida. En lugar de hacer de su práctica una rutina, es conveniente convencer a los jugadores de que deben trabajar dentro y fuera de los entrenamientos para mejorar en este apartado.
Y en lo que está en nuestra mano, las tareas que involucran su entrenamiento, hay que tratar de reproducir las situaciones reales de juego en la medida de lo posible. Nunca vamos a lograrlo al 100%, pero trabajar los tiros libres en condiciones de fatiga y presión, haciendo hincapié en la mejora de la ejecución técnica cuando sea necesario, y enfatizando el aspecto mental es la mejor forma de acercarse a ese objetivo.




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