15 de septiembre de 2021

Construir equipos intensos y agresivos

No cabe duda de que a cualquier entrenador le atrae la idea de contar con un equipo de guerreros dispuestos a dejarse la piel por cada balón. Pero esto es algo que necesitamos trabajar porque no es algo que resulte de forma natural en la mayoría de ocasiones...
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Construir equipos intensos y agresivos

No cabe duda de que a cualquier entrenador le atrae la idea de contar con un equipo de guerreros dispuestos a dejarse la piel por cada balón. Pero esto es algo que necesitamos trabajar porque no es algo que resulte de forma natural en la mayoría de ocasiones...
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No cabe duda de que a cualquier entrenador le atrae la idea de contar con un equipo de guerreros dispuestos a dejarse la piel por cada balón. Pero esto es algo que necesitamos trabajar porque en la mayoría de ocasiones no surge de manera natural.

La agresividad como seña de identidad

El objetivo de cualquier sesión de entrenamiento debería ser tratar de acercarse al máximo a las situaciones que tienen lugar en la competición.

Construir un equipo aguerrido es más sencillo cuando tienes jugadores que de forma natural tienen ese espíritu, pero tanto si es así, como si no es algo innato en ellos, la agresividad también se enseña. Hasta un jugador en apariencia indolente terminará por dar el máximo en cada acción si observa que ese es el espíritu que se respira en el equipo.

Pero para que eso suceda los jugadores tienen que interiorizar la lucha y la garra como una seña de identidad del grupo, no como algo ocasional que sale a relucir en momentos límite.

Lo que vamos a ver aquí es como tratar de lograr este objetivo.

El primer paso: descubrir de qué pasta están hechos

La pretemporada y el trabajo físico que conlleva son un momento excelente para comprobar las reacciones de los jugadores al sufrimiento.

No nos engañemos. Construir un equipo agresivo implica hacer que los jugadores acepten una realidad desagradable: no van a tener un momento de respiro en la cancha.

Ante una situación de exigencia física extrema, la reacción natural del cuerpo es la de descansar para recuperarse. Nuestra tarea es la de prepararles mentalmente para que se rebelen contra esa idea, y que desoigan las señales que su cuerpo les manda.

Al empezar a trabajar en esta dirección comprobaremos que, si bien algunos jugadores tienen la fortaleza mental suficiente como para sobreponerse a la incomodidad de la falta de oxígeno y ponen todo de su parte para cumplir con lo que esperamos de ellos, otros se rinden mucho antes.

Conviene tomar nota mental de las reacciones de cada uno ante exigencias que los llevan al límite, porque nos van a ayudar a descubrir qué jugadores tienen un espíritu de sacrificio mayor y cuales se dan por vencidos pronto.

No quiero decir que estos últimos no puedan ser válidos. Pueden terminar siéndolo, pero lo que yo llamo «tests de sufrimiento» suelen ser un buen indicativo para saber con qué jugadores será necesario un trabajo extra para incorporarlos a nuestra filosofía.

Dar con la tecla: averiguar qué les mueve

Esta mentalidad necesita implantarse desde el primer día. Hay que explicarles a los jugadores lo que se espera de ellos en los entrenamientos y en los partidos.

Sin embargo, no basta con crear una expectativa para que ésta se cumpla. Para provocar la reacción que buscamos en el jugador necesitamos conocer la motivación principal que le mueve.

La herramienta para lograrlo son las charlas individuales.

A través de ellas tenemos que crear un clima de confianza que nos permita saber qué es lo que verdaderamente desea el jugador, pero no es tan fácil como simplemente preguntárselo.

Es muy frecuente que el jugador diga lo que cree que esperamos oír, así que hay que dejarle muy claro que, sea lo que sea, no hay «respuestas incorrectas».

Dice Ibón Navarro que cuando habla con sus jugadores, les anima a expresar sus motivaciones por muy egoístas que éstas puedan sonar. En el ámbito profesional es mucho más frecuente que los objetivos estén mucho más vinculados al beneficio propio que al del colectivo, ya que muchos jugadores, llegados a cierto nivel, lo que buscan es lograr un contrato lo más lucrativo posible.

A menor escala puede que esto no sea así, pero lo que es indiscutible es que cada jugador tiene unas razones principales que le impulsan. Puede ser el deseo de crecer como jugador, la notoriedad, el liderazgo…cualquier razón es válida si la reconducimos correctamente.

Nuestro trabajo es encontrar cual es esa razón y hacerles ver que el compromiso con nuestra filosofía es la mejor fórmula para que vean cumplidas sus expectativas individuales.

La complicación aquí puede venir cuando las expectativas del jugador están alejadas de la realidad. Pero ese es un problema que tendremos que gestionar aparte.

Crear un hábito: entrenar duro y ser exigentes

Si no entrenas el tiro lo suficiente, tus jugadores no meterán. Si no practicas rebote en los entrenamientos, no puedes esperar que a la hora del partido resultes ganador en esta faceta del juego. Y si no entrenas con intensidad…bueno. Ya te imaginas lo que sucede.

Pensar que un equipo que entrena de forma poco exigente pueda luego «morder» en los partidos y jugar con el cuchillo entre los dientes no es ser optimista, es ser ingenuo.

Si quieres que la agresividad sea una seña de identidad clara, es imperativo trasladar este espíritu a las sesiones de entrenamiento.

No ha de ser siempre, ni en cada ejercicio. Pero es necesario que haya una continuidad en la exigencia de esta demanda. Los jugadores no desarrollan el «instinto asesino» que se requiere para esta filosofía de juego si no están expuestos a ella de forma regular.

Vamos a ver de qué maneras podemos trasladar esto a las prácticas del equipo para que a la hora de competir, los jugadores tengan la actitud que buscamos.

1-Hacer que se familiaricen con distintos niveles de activación

Cuando un equipo desarrolla un espíritu agresivo y luchador aumenta sus opciones de conseguir un mayor número de posesiones que su rival, porque esa agresividad se traslada a las situaciones en las que el balón está en disputa (rebotes, balones sin dueño, etc)

Ahora bien, gozar de un mayor número de posesiones no nos sirve de mucho si llegado el momento de aprovecharlas el equipo juega de forma precipitada.

Esto es bastante común, porque si le pedimos a un jugador que su nivel de activación sea máximo en defensa, lo lógico es que entienda que ese es el modo en que queremos que se conduzca en la cancha.

Sin embargo, no hay nada peor que llegar a los momentos decisivos de un partido con un nivel de activación tan elevado que impida jugar con criterio.

Por eso es necesario entrenar situaciones de final de partido en las que se repliquen circunstancias concretas: hay que recuperar un balón y anotar un triple rápido, hay que remontar 5 puntos en 1 minuto…etc

Es fácil que un equipo acostumbrado a defender con gran intensidad caiga en la trampa de jugar en ataque de forma atolondrada o caótica llevado por las altas pulsaciones.

Entrenar estas situaciones ayuda a que el jugador entienda que el juego exige diferentes estados mentales según se tenga o no el balón y que aprenda a «cambiar el chip».

2-Introducir competitividad en los ejercicios

Afortunadamente, los jugadores acogen muy bien la idea de competir unos contra otros en los entrenamientos.

A la hora de diseñar la sesión de entrenamiento deberíamos incluir siempre algunos ejercicios que estimulen la competitividad, ya que esto ayuda a mantener la intensidad elevada.

Puede ser en cualquier tipo de ejercicio, y puede ser por grupos o de manera individual. Lo importante es que se acostumbren a competir.

En este sentido conviene no pasar por alto que cuando la competición se realiza en grupos más o menos numerosos es más fácil que un jugador pueda «esconderse» y no darlo todo, por lo que es preferible introducir la competitividad en ejercicios de 1×1 o 2×2 en los que no hay forma de pasar desapercibido.

Los jugadores siempre quieren ganar, y probablemente en estos ejercicios competitivos den lo mejor de sí mismos. Al mismo tiempo, fomentar esta competitividad también puede servirnos para reforzar algo que creo muy importante en un equipo: el odio a perder.

Hay jugadores que por su espíritu no necesitan ninguna motivación especial. Quieren ganar siempre. Pero como difícilmente tendrás la suerte de contar con un grupo en el que todos sean así, te tocará establecer castigos.

Pueden ser flexiones, carreras, sprints o cualquier otra actividad que penalice de algún modo a quienes han resultado perdedores. Pero ha de ser desagradable.

Por muy políticamente incorrecto que pueda sonar, los castigos son necesarios. No puedes crear una mentalidad de hierro si nunca te enfrentas a las consecuencias.

Sé que habrá quien no esté de acuerdo pero, en jugadores que no llevan el gen de la competitividad de serie, no creo que haya una mejor fórmula para que desarrollen esa aversión extrema a la derrota.

Y por mi experiencia, un equipo de jugadores que odia perder es un equipo increíblemente difícil de batir.

3-Diseñar ejercicios específicos de lucha

Además de estimular la competitividad en los ejercicios, no está de más incluir regularmente algunos que trabajen de forma específica el espíritu de lucha

A los jugadores les suelen encantar este tipo de entrenamientos, y, por ejemplo, podemos integrarlos en las sesiones de entrenamiento en las que se trabaje la velocidad de reacción.

Se trata de trasladar el trasfondo del conocido juego de las sillas a la cancha de baloncesto. Hay una serie de recursos (balones) y una serie de personas que desean hacerse con ellos (jugadores). Pero éstos superan en número a los recursos disponibles, así que tendrán que luchar por conseguirlos.

Partiendo de esta premisa puedes diseñar todo tipo de ejercicios. Los balones pueden estar en un círculo y los jugadores deben hacerse con uno para anotar, puedes lanzarlos y hacer que los jugadores corran tras ellos, etc.

4-Señalar ejemplos de modelos de comportamiento

Reforzar positivamente a los jugadores que se manejan con el espíritu que buscamos es imprescindible para que dicha actitud sea asumida por todos.

El elogio es siempre una buena política para establecer pautas de comportamiento, pero todavía ofrece mejores resultados el señalar como ejemplo a los jugadores que encajan en el modelo de comportamiento que se quiere instaurar.

Si algún jugador nos ha comprado el pack completo y entrena cada día tal y como nos gustaría que todos lo hicieran, hay que señalarlo ante el grupo.

Esta forma de destacarlo como ejemplo de lo que queremos conseguir es una manera muy eficaz de lograr que el colectivo se contagie de ese espíritu.

Recapitulando

Construir un equipo que se destaque por un alto nivel de energía en su desempeño y cuyos jugadores den el 100% en cada acción no es fácil, pero si lo consigues es muy gratificante.

Hay que entender que éste no es un proceso cómodo para ellos y que este nivel de exigencia puede generar tensiones.

A no ser que cuentes con un grupo compuesto por jugadores muy competitivos a los que no se necesita estimular demasiado, llevar a jugadores «normales» a través de esta experiencia puede ser estresante y conflictivo.

Al final eres tú quien ha de valorar hasta qué punto exigir y en qué momento aflojar para que el ambiente no termine por agriarse.

Pero si por parte de todos los implicados hay un convencimiento de que este es el camino, es de esperar que los entrenamientos se realizarán a un alto nivel y en consecuencia, esta intensidad se verá reflejada en la competición.

Xuancar Navarro

Entrenador Superior de Baloncesto

Xuancar Navarro

Entrenador Superior de Baloncesto

Con 10 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com  

Con 10 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com

Con 10 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com

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