16 de julio de 2025

Estás despedido

El despido forma parte de la realidad del entrenador. Y aunque es siempre un momento complicado, merece la pena dedicar una reflexión acerca de qué podemos sacar de positivo de algo así...
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Estás despedido

El despido forma parte de la realidad del entrenador. Y aunque es siempre un momento complicado, merece la pena dedicar una reflexión acerca de qué podemos sacar de positivo de algo así...
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Cuando un entrenador de baloncesto se asoma a las redes sociales para interactuar con otros compañeros de profesión suele hacerlo para compartir material educativo, desglosar los pormenores de tal o cual sistema, analizar acciones técnicas o simplemente para anunciar cuestiones relativas a los equipos que entrenan.

Pero hay un tema del que casi nadie habla en público, probablemente, porque es un trago complicado y no sabemos muy bien cómo explicarlo al resto del mundo. Me estoy refiriendo al hecho de ser despedido en un club. Una circunstancia que no todo el mundo ha experimentado, pero sí que es mucho más frecuente de lo que pudiera parecer.

El elefante en la habitación

El despido es un tema tabú entre los entrenadores. Normalmente se echa tierra encima lo más rápido posible y se trata de pasar por ello como si nada hubiese ocurrido.

Evidentemente, cuando hablamos de cierto nivel competitivo, de clubs con equipos relevantes que acaparan atención, el cese de un entrenador tiene repercusión pública.

Pero en aquellos casos en los que se trata de clubs pequeños, categorías de formación o competiciones poco importantes, se suele correr un tupido velo para no tener que dar cuenta de los motivos que han llevado a esa situación.

Tanto si has vivido una situación de este tipo como si no te ha sucedido nunca, creo que puede ser positivo, por una vez, dejar de ignorar un tema que a todos nos afecta de algún modo. Nadie está libre de la posibilidad de ser despedido, así que me parece interesante reflexionar sobre ello. .¿Se puede sacar algo positivo? ¿Cómo gestionar algo así?

El motivo importa

Echemos un vistazo a los principales motivos por los que se suele despedir a un entrenador. La mayoría de las veces que se decide prescindir de quien comanda el equipo suele ser por alguna de estas razones.

Malos resultados

El más común cuando se trata de categorías profesionales o semi profesionales. Cuando hablamos de competiciones de alto nivel, poco importa que tu trabajo sea fantástico. Si los resultados no te avalan, más pronto que tarde tu cabeza rodará sin que a los directivos les tiemble el pulso.

Por fortuna es algo que todo entrenador tiene asumido cuando llega a la alta competición, así que a ninguno le pilla por sorpresa. Menos frecuente es este motivo en categorías de formación, pero también se da ocasionalmente.

Entorno

Llámese prensa, padres, afición o directiva, y tanto sea a alto nivel como en categorías de base, el entorno puede influir en que terminen dándote la patada. Depende en gran medida de la influencia de ese entorno sobre quien toma la decisión y del grado de animadversión que ese entorno tenga hacia ti.

La mayor o menor simpatía que todas estas personas experimenten hacia tu figura puede ser un factor decisivo, y lamentablemente, no siempre hay algo que puedas hacer. ¿Motivos? Hay miles. Desde que te comparen con un entrenador anterior hasta que tengas un enfrentamiento personal con la persona equivocada.

Gestión del grupo

Hay ocasiones en las que el grupo no te acepta. O simplemente no das con la tecla para ganártelos. Ser entrenador es mucho más que diseñar entrenamientos, el componente humano es muy importante, y no siempre es posible gestionar de manera exitosa a un grupo de personas ,cada una con sus ideas, sus preferencias y sus objetivos.

Si los resultados acompañan esta falta de armonía puede sobrellevarse, pero no deja de ser una bomba de relojería que antes o después estallará, y en esas circunstancias el damnificado es siempre el entrenador.

Cuestiones extradeportivas

Aunque menos frecuentemente, también es posible que te echen por cuestiones extradeportivas. Se supone que un entrenador debe dar determinada imagen como representante de un club, y cuando los directivos entienden que no es así, tu puesto puede peligrar. Un ejemplo es el caso de Scariolo, cesado como entrenador de la Virtus por unas declaraciones que no gustaron.

A niveles más modestos, esto también puede ocurrir, aunque relacionado con otros factores, como puede ser la apariencia, o si vives en una población pequeña donde todo el mundo se conoce, que tu «estilo de vida» los fines de semana no sea lo que se considera ejemplar.

En resumen, aunque hay una variedad de razones que pueden conducir al despido de un entrenador, no todos los motivos son iguales. Es importante que el motivo no sea grave. Nadie está libre de ser despedido del club en el que trabaja, pero lo que sí podemos, al menos, es tratar de no poner de nuestra parte para que esta circunstancia no se produzca.

En otras palabras, si te echan, asegúrate de que no sea por algo así.

La primera vez es duro

Para el entrenador, un despido puede ser más o menos duro dependiendo del motivo pero sobre todo de si es o no la primera vez. Ser despedido por primera vez es un golpe a la autoestima, por mucho que lo consideremos injusto. La realidad es que desde nuestra perspectiva, siempre lo es.

Consideramos que es injusto, en primer lugar, porque todos pensamos que lo que hacemos es lo mejor que puede hacerse. Todos pensamos que lo hacemos bien. Que los que se equivocan son los demás. Que no tienen paciencia. Que no entienden nuestra postura o nuestra filosofía.

Sea cual sea el motivo, pocas veces un entrenador va a irse de un club pensando que un despido es merecido. Tal vez con la piel ya más curtida, y en la alta competición, alguno habrá. Pero no es lo más frecuente. Como el propio Sarunas Jasikevicius afirma, es la realidad del entrenador. Incluso si la culpa es de otros, la cadena se rompe siempre por el eslabón más débil.

No se acaba el mundo

Aunque nunca te hayas visto en esta situación, puedes imaginarte que la frustración es el principal sentimiento que se experimenta. Pero lo que tal vez no te resulte tan fácil de entender es que esa primera vez hay un componente de confusión que no es fácil de gestionar. Puedes estar seguro de haber hecho lo que debías, y aún así, dudar de ti mismo.

Ese es el mayor peligro con el que tendrás que luchar. Esa vocecita que te dice que si hubieses hecho esto o lo otro ahora no te verías en esta situación. Es una mezcla extraña de rabia, frustración e inseguridad la que se vive cuando se experimenta ser cesado por primera vez.

La realidad es que no puedes gustar a todo el mundo. Ni tampoco acertar siempre. Por eso, más que vivirlo como un fracaso, lo más inteligente es tomarlo como una experiencia de la que aprender.

Hay más equipos, más ciudades, más países. Siempre se puede volver a comenzar. No se acaba el mundo porque te despidan en un club. Esto, antes o después, queda como un recuerdo, pero tu carrera como entrenador continúa. O al menos tú debes tratar de que así sea. No puedes tirar la toalla por una decepción.

¿Qué puedes hacer?

Lo primero es darte cuenta de que el pasado no se puede cambiar, pero sí que puedes aprender de él. Aún estando convencido de lo «injusto» de tu despido, trata de hacer autocrítica. Recuerda todos los episodios que condujeron a ese desenlace y piensa qué otras alternativas existían. Repasar mentalmente esas situaciones puede proporcionarte enseñanzas muy valiosas.

No hablo solo de decisiones tácticas. Muchas veces puedes sacar lecciones increíblemente útiles de tu interacción con las personas que han formado tu círculo más cercano (jugadores, asistentes, directivos, padres…).

Mi siguiente consejo es que te tomes un tiempo para retomar la ilusión. Por mucho que lo que leas aquí pueda resultarte útil, la amargura de vivir esta situación no desaparece de la noche a la mañana. No te precipites en tu siguiente paso. Tomar decisiones de futuro sin que esa sensación haya desaparecido puede ser contraproducente. Si no estás emocionalmente equilibrado, tomar las riendas de un equipo puede acabar mal.

Aprovecha ese tiempo para seguir formándote. Haz cursos, asiste a clinics, lee, o pasa horas en Youtube aprendiendo de otros entrenadores de mayor nivel. Analiza tus puntos débiles como entrenador y trata de mejorarlos.

Lo creas o no, hay muchas cosas en las que puedes trabajar que ni siquiera están directamente relacionadas con el baloncesto. Ahora no tienes un grupo al que entrenar, pero puedes tratar de convertirte en un mejor entrenador para cuando llegue la siguiente oportunidad.

Y por último, cuando ya estés preparado para volver al banquillo, empieza a moverte. Tira de contactos. Habla con gente para hacer saber de tu disponibilidad. Si trabajas en un nivel profesional, probablemente ya tengas un agente y él se encargará de esa tarea, pero si no es así, te toca decidir cual va a ser tu siguiente paso.

Hacia donde te diriges

Aquí entra una cuestión importante: decidir si vas a intentar subir un escalón, si vas a tratar de seguir al mismo nivel o si vas a bajar tus expectativas. Subir de nivel puede ser complicado tras un despido, pero definitivamente no es imposible. Pero lo importante que quiero remarcar aquí es que no dejes que el episodio de tu despido condicione tu futuro. Ten claro a donde quieres apuntar tu carrera y actúa en consecuencia.

Un despido puede vivirse como un drama o ayudarte a tomar decisiones que quizás no te atrevías a tomar. Quizás pueda ser el desencadenante que te lleve a empezar en otro lugar, o la gasolina que te haga plantearte que vas a prepararte a conciencia para que no vuelva a sucederte en el futuro.

Aunque insisto: cuanto más arriba juegas, más debes familiarizarte con esta posibilidad. Los banquillos más codiciados son también los más exigentes, y basta con que las cosas no rueden como se esperaba durante algunas jornadas para que el fantasma de la destitución comience a sobrevolar sobre tu puesto.

Parece que el baloncesto profesional es el destino final al que todo entrenador aspira, sin embargo no tiene por qué ser así. Conozco algún que otro caso de colegas que, tras haber llegado a ese nivel, se han descubierto mucho más felices volviendo a entrenar chicos jóvenes o retornando a su tierra. Un despido puede marcar un punto de inflexión, pero solo tú sabes en qué sentido o dirección quieres continuar tras un episodio así.

Un consejo: vete con elegancia

La forma en que te vas también importa. Como alguien que ha pasado por esta situación, permíteme un consejo. Vete con la máxima elegancia posible. Lo último que debes hacer es irte despotricando de todo y de todos, por mucha razón que tengas. La verdad es que a casi nadie le importan los motivos por los que un club ha decidido prescindir de tus servicios.

Así que cuidado con los calentones en redes sociales. Utilizarlas para desahogarte puede ser contraproducente. Si no te ves capaz de comunicar tu despido sin desprender rencor o resentimiento, mejor no publiques nada. La forma en la que te expresas sobre el club que te ha despedido dice más de ti que del propio club.

Conclusión

Puede que nunca te hayas visto en esta situación y te parezca que todo esto es palabrería irrelevante. Si nunca te han echado, enhorabuena. Pero no pierdas de vista que es una posibilidad que a todos los entrenadores nos acompaña. No importa lo bueno que seas, las cosas pueden torcerse un día y cuando eso suceda, tienes que saber encajar el golpe.

No sé si es cierto o no eso de que «No eres entrenador hasta que no te despiden» pero lo que sí sé es que es una experiencia de la que puedes aprender. Hasta los mejores entrenadores son cesados de tu cargo. Haz un repaso de algunos de los nombres más destacados que te vengan a la mente y comprobarás como también ellos han pasado por este trago.

«Un despido no pone en duda tu valía, sino que seas la persona idónea para ese equipo en ese momento«

Si hay algo con lo que me gustaría que te quedaras como idea principal es que un despido no pone en duda tu valía, sino que seas la persona idónea para ese equipo en ese momento. Y esa es una decisión sobre la que no tienes control alguno, así que mejor no darle demasiadas vueltas. Si alguien con la capacidad de tomarla decidió que en ese periodo concreto no eras la mejor opción para el equipo, toca aceptarlo, incluso si crees que se equivoca. Nosotros en el banquillo también cometemos errores.

Pero sobre todo, observa lo que ocurre a tu alrededor a partir de ahora para saber a quien merece la pena tener cerca en el futuro. Cuando el viento sopla de cara y llegan las victorias, no nos quejamos de las palmaditas en la espalda y los elogios. Ahora toca vivir la otra cara de la moneda.

El entrenador está solo, y ahora es cuando vas a experimentarlo de verdad en toda la extensión de la palabra.

Acostúmbrate.

Xuancar Navarro

Entrenador Superior de Baloncesto

Xuancar Navarro

Entrenador Superior de Baloncesto

Con casi 15 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com

Con casi 15 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com

Con casi 15 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com

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