24 de octubre de 2021

Ideas para construir la cohesión de equipo

El concepto de cohesión es bastante intuitivo. Todos entendemos que un equipo unido tiene más posibilidades de lograr éxitos que uno que está dividido. Hoy quiero profundizar en este aspecto....
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Ideas para construir la cohesión de equipo

El concepto de cohesión es bastante intuitivo. Todos entendemos que un equipo unido tiene más posibilidades de lograr éxitos que uno que está dividido. Hoy quiero profundizar en este aspecto....
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Una de las cosas con las que tenemos que lidiar los entrenadores, sin ser especialistas en la materia, es con el trabajo psicológico.

A excepción de unos pocos clubs que pueden permitirse trabajar con psicólogos, los demás nos vemos obligados a echar mano del sentido común, rezando por no hacer grandes destrozos cuando tomamos alguna decisión que tiene impacto sobre el estado de ánimo de un jugador.

Si eso ya es complicado a nivel individual, mucho más lo resulta cuando nos toca hacer lo mismo a nivel grupal.

Hacer que vayan todos a una, que se apoyen en los momentos difíciles, que aprendan a poner los objetivos del colectivo por encima de sus intereses particulares…Demasiado complejo como para pretender que un curso de entrenador nos dará todas las respuestas.

Así que, asumiendo que como profano en la materia, puedo cometer errores, hoy he decidido hablar de ese santo grial que todos buscamos cuando nos hacemos cargo de un nuevo grupo: la cohesión de equipo.

Qué es la cohesión de equipo

Puesto que vamos a tratar un concepto bastante abstracto, lo mejor es tratar de definirlo con la mayor precisión posible.

Echando mano de lo que dicen los que de verdad saben de esto, una de las definiciones que he encontrado y que más me gusta en relación a la cohesión de equipo es que se trata de «un proceso dinámico que se refleja en la tendencia de un grupo a trabajar juntos y permanecer unidos en la persecución de objetivos y/o la satisfacción de necesidades afectivas de sus miembros.»

Esta definición nos sirve para hacer una primera distinción entre los dos factores que entran en juego, como son, por un lado las tareas, y por otro, el aspecto social.

Es decir, trasladando lo que esta definición refleja, tenemos que entender que la cohesión de nuestro equipo proviene tanto de la satisfacción que proporciona a cada uno de nuestros jugadores la realización de determinadas tareas/retos como de el simple hecho de sentirse parte de un colectivo.

Importancia de la cohesión de equipo en los resultados

Puesto que ambas cosas están íntimamente relacionadas, entendemos intuitivamente que la resolución de esas tareas/retos va a tener impacto en el aspecto social.

Dicho de otro modo. Si la cohesión afecta a los resultados, dichos resultados también tendrán impacto sobre lo unido o no que esté el grupo a nivel humano.

No estoy contando nada nuevo. Incluso en vestuarios con gente muy dispar, todo parece ir como la seda cuando los resultados acompañan. Las diferencias de carácter o las posibles fricciones se minimizan por la dinámica ganadora.

Sin embargo, cuando las derrotas se acumulan este ambiente relajado y pacífico es mucho más difícil de mantener, y todo se magnifica.

Por lo tanto, se hace necesario trabajar en el día a día en fortalecer la cohesión del grupo, no solo porque puede impactar positivamente a nivel de resultados deportivos, sino porque es necesario para evitar conflictos cuando éstos no acompañan.

Algunas ideas para mejorar la cohesión de equipo

Conseguir que un grupo esté unido puede ser más o menos complicado en función de las personalidades de los miembros que lo componen. Pero como entrenadores tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano por lograrlo.

Aquí dejo algunas ideas que pueden conseguir que el equipo sea más proclive a trabajar en conjunto y hacer frente a posibles crisis.

Permitir que el equipo participe en la toma de decisiones

Si bien el entrenador es el responsable último de cualquier decisión relativa al equipo, creo que es buena idea permitir a los jugadores que tomen determinadas decisiones.

La elección del capitán es un buen ejemplo, aunque no el único. Hay otros aspectos que pueden dejarse en sus manos, de manera que sean ellos mismos los que definan ciertas reglas.

Por ejemplo, en aspectos potencialmente conflictivos como el código de conducta, dejar que sean los propios jugadores quienes establezcan el modo en el que hay que proceder cuando alguien se salta una norma puede ser una buena forma de involucrarlos.

Definir objetivos de equipo

Cada jugador tiene unos objetivos individuales, y nuestra misión es integrar esos objetivos en los objetivos del equipo.

Una buena manera de comenzar a poner las bases de un grupo unido es definir lo que pretendemos conseguir como equipo, haciendo ver a los jugadores que si cada uno mira exclusivamente por su propio interés, las opciones de que conseguir esos objetivos individuales son menores que si todos remamos en la misma dirección.

Hay que hacerles entender que el beneficio de conjunto repercutirá en su propio beneficio en mucha mayor medida que si cada uno hace la guerra por su cuenta, y que para ello habrá que hacer una serie de sacrificios y esfuerzos, que a la larga compensarán.

Una vez los hayas convencido de esto, el reparto de roles será más sencillo.

Dar espacio para las bromas y el sentido del humor

Los jugadores tienen que saber que el trabajo duro no implica necesariamente un ambiente serio. Simplemente hay que comunicarles que el buen rollo y la exigencia pueden ir de la mano si todo el mundo tiene claro cuando es el momento de cada cosa.

Tener la capacidad de bromear con los jugadores sin que la autoridad ante ellos se resienta es una gran cualidad que ayuda mucho a que el ánimo del grupo se mantenga alto.

En particular mi regla es: cuando el entrenador habla y cuando estás realizando un ejercicio, concentración absoluta. Fuera de esos momentos, carta blanca para interactuar y hacer gracietas con los compañeros.

Destacar aspectos positivos de cada jugador ante el grupo

Todos los jugadores, sea cual sea su calidad, tienen un rasgo destacable. Incluso en el caso de los menos dotados técnicamente, podemos resaltar su esfuerzo, perseverancia o deseo de mejorar.

Si en las charlas de grupo comunicamos públicamente aquello que valoramos de cada uno, la probabilidad de que se mantengan motivados aumenta. Es importante que sepan que, con independencia de los minutos de juego, también damos importancia a otros aspectos.

Poner a un jugador como ejemplo ante los demás favorece que mantenga su actitud y hace que otros quieran imitar su comportamiento. Conviene, por tanto, no escatimar en elogios para quien los merece, con independencia de su peso en el equipo. Así todos sentirán que son importantes y que aportan en la consecución de los objetivos colectivos.

Destacar las fortalezas del rival

El sentimiento de orgullo tiene mucho que ver con la pertenencia a un grupo. Al valorar al rival y destacar sus fortalezas se logran dos cosas: por un lado, evitar el exceso de confianza, y por otro – lo que nos interesa aquí – que los jugadores se sientan orgullosos de sus logros.

Un grupo que trabaja junto necesita retos a los que enfrentarse para que su experiencia tenga un sentido. Cada vez que se consigue una victoria frente a un rival al que se respeta, los jugadores se sienten más identificados con su propósito, y el grupo, como tal, se ve fortalecido.

Charlas motivacionales

La tendencia natural del jugador es la de preocuparse por sí mismo. Aquellos jugadores que ponen el grupo por delante de sus propios intereses lo hacen porque en algún punto del camino, un entrenador les hizo ver la importancia de los objetivos de conjunto.

Las charlas motivacionales son la manera en la que logramos que los jugadores reflexionen acerca de aquello en lo que queremos poner énfasis.

Cada entrenador tiene su modo particular de dirigirse a los jugadores. Unos lo hacen de un modo más calmado, mientras otros ponen más pasión. No creo que haya una manera mejor que otra. Lo importante en estos casos es pensar muy bien qué teclas queremos tocar para conseguir que todos se sientan involucrados.

Fomentar la interacción entre todos los jugadores

Todos hemos experimentado la formación de «grupitos» en los entrenamientos. Es inevitable que los jugadores que tienen más afinidad personal tiendan a pasar más tiempo juntos.

Pero si lo que buscamos es un grupo cohesionado, hay que tratar de minimizar la formación de grupos muy cerrados. Es conveniente fijarse en qué jugadores se relacionan menos unos con otros y favorecer que interactúen durante los ejercicios.

Por lo general la razón de ese distanciamiento no es que no se soporten, sino que, simplemente, no han tomado confianza. Al promover que todos interactúen con todos es más probable que este problema se subsane.

Actividades fuera de la pista

Este es, para mí, uno de los aspectos clave que permite que un grupo se sienta más unido. En la cancha de baloncesto existen unas «jerarquías invisibles», basadas en la calidad de cada jugador, pero cuando reúnes a los jugadores fuera de la pista para realizar cualquier actividad, el factor baloncesto queda al margen. Todo lo que cuenta es la personalidad de cada uno.

Hay actividades como el paintball o el skape-room que pueden llevarse a cabo para mejorar de forma específica el trabajo en equipo, pero en realidad no importa tanto de qué actividad se trate mientras los jugadores lo pasen bien. Una cena también puede ser una buena actividad, a pesar de ser algo informal y sin un objetivo específico aparente.

Conclusión

La cohesión de equipo hay que trabajarla día a día, y mantenerse vigilante hacia cualquier actitud que vaya en contra de este objetivo.

En categorías de formación o en niveles amateurs esto no suele resultar muy problemático, puesto que todo el mundo tiene claro el motivo por el que forma parte del grupo.

Pero a niveles más elevados, la cohesión de equipo puede ser más difícil de conseguir. Porque ya hablamos de jugadores que tienen el baloncesto como su medio de vida, y cuando lo que te juegas es el sustento, uno ya se anda con pocas bromas.

Mientras que meter en dinámica positiva a un jugador amateur puede lograrse sin demasiada dificultad con mano izquierda y haciéndole ver lo mucho que valoramos su aportación aunque no sea un líder del equipo, cuando ese jugador se está jugando su próximo contrato no vas a lograrlo tan fácilmente si no tiene los minutos que espera.

En definitiva, generar un grupo cohesionado depende de muchas cosas: la personalidad de quienes lo integran, las expectativas, el trabajo que llevemos a cabo para lograrlo, los resultados y la habilidad de quien lo lidera entre otras.

Como casi siempre ocurre en baloncesto, es un puzzle en el que los entrenadores tenemos que tratar de encajar las piezas lo mejor que podamos. Y no siempre terminamos por hacerlo bien.

Xuancar Navarro

Entrenador Superior de Baloncesto

Xuancar Navarro

Entrenador Superior de Baloncesto

Con 10 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com  

Con 10 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com

Con 10 años de experiencia dirigiendo diferentes equipos de base, también ofrece servicios de comunicación para clubs de baloncesto a través del sitio web Xuancarnavarro.com

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